Por Wiston Ríos
En las últimas horas el mundo entero ha asistido al rescate de 33 mineros que estuvieron 70 días atrapados en la mina San José, a más de
El 5 de agosto se produjo un derrumbe y estuvieron 17 días sin comunicación con el exterior, en total incertidumbre y sin que se supiera si estaban vivos, hasta que el gobierno de Chile logró establecer contacto con ellos. A partir de ahí, “los mineros de Chile” se transformaron en un fenómeno mediático de proporciones mundiales. Mientras se comenzó a desarrollar los planes de rescate, la noticia fue ganando espacios en medios de prensa de todo el mundo, y fue tema de conversación en todos los ámbitos. Finalmente, entre el 12 y el 13 de octubre fueron rescatados. De ahí a la Historia.
El rescate, que duró casi 24 horas, fue transmitido en directo para todo el mundo, realizándose una puesta en escena digna de los más grandes espectáculos. Es que en torno a los mineros y sus familias –que se instalaron en el “campamento Esperanza” cercano a la mina- se conformó un verdadero “reality show”, donde no faltaron las polémicas, el morbo, y hasta el descubrimiento de un triángulo amoroso, como broche de oro.
Los mineros, los rescatistas y el gobierno de Chile mismo se transformaron en héroes nacionales; se entonó muchas veces el Himno Nacional y en una inflamación patriótica se sucedieron los cánticos; desde todo el mundo se escuchó el “Chi Chi Chi… le le le… ¡los mineros de Chilé!”. El presidente estuvo casi 24 horas sonriente, recibiendo a cada uno de los mineros que salía a la superficie. Se lo vio muy emocionado; no era para menos: este milagro inesperado le reporta dividendos en su índice de popularidad en su país y seguramente no tardarán los reconocimientos a nivel internacional.
Ya desde antes del rescate estaba claro que no faltaría quienes aprovecharan la historia para vender libros y películas sobre “el milagro de los mineros de Chile”, lucrando con el drama; y quién sabe qué pasará con la mina, pero no sería de extrañar que se venda como lugar turístico.
A estas horas todo es emoción y alegría; pero, ¿qué pasa con las condiciones de trabajo y de vida de los mineros?. El gobierno chileno se vio obligado –temiendo que la situación tomara estado público, cosa que no sucedió- a clausurar en ese lapso 18 yacimientos por no contar con las condiciones de seguridad mínimas (ventilación, dos salidas de emergencia); condiciones que tampoco cumplía la mina San José. ¿Quién es responsable entonces por el “accidente”?; ¿quién es responsable por las condiciones de trabajo de los demás mineros? Los trabajadores denuncian que Chile no ha firmado los Tratados Internacionales que establecen las condiciones de seguridad necesarias para el trabajo en las minas; a los mineros rescatados se pretende callarlos con una indemnización de 10.000 U$S. El capataz, último minero en salir a la superficie, le dijo claramente al presidente Piñera. “esto no puede volver a ocurrir”… ¿servirá esta experiencia para que sea realmente así?
En 1952 Ernesto Guevara emprendió junto a su amigo Alberto Granado un viaje por América que lo transformaría en “el Che”. En ese viaje, que relata en su libro “Diarios de Motocicleta” –llevado al cine en 2004- denuncia la realidad que en ese momento vivían de los mineros chilenos, precisamente en una mina de Atacama. Más de 50 años después, durante la filmación de un documental paralelo a la película, Granado reedita el viaje con el equipo de producción y comprueba con tristeza que nada ha cambiado. Dice en una entrevista que la situación sociopolítica de los países por donde pasaron "era peor que hace 50 años. Ha pasado el desarrollo, pero no el progreso".
¿Cuál es el plan de rescate para los mineros chilenos?, ¿hasta cuándo seguirán viviendo, trabajando y muriendo en condiciones infrahumanas?; ¿Y cuándo rescataremos a los demás “mineros” de América?: las “mulas” del narcotráfico, los descendientes de las poblaciones originarias y los emigrantes en todo el continente; los pobladores de las favelas, villas miserias y cantegriles; los cocaleros de Colombia y Bolivia, los cosechadores de caucho en Brasil, los peones de los obrajes de Argentina; y en nuestro Uruguay: los peones de estancia, los arrancadores de naranjas… por mencionar algunos.
La riqueza de unos pocos en nuestra América Latina sigue teniendo el costo de la sangre de muchos. Este continente inmensamente rico sigue albergando la inmensa vergüenza de la injusticia social. Mientras los grandes medio cubrían la noticia de los mineros, en Chile mismo los Mapuches estaban en huelga de hambre, en reclamo por el respeto a sus tradiciones ancestrales y la devolución de las tierras que les fueron usurpadas. Nadie se hizo eco de ello.
