Es común leer en los textos de Derechos Humanos un concepto sobre los mismos que los ve como principios de aceptación universal orientados a asegurar al ser humano su dignidad como persona. Primeramente desde la Antropología y luego desde la Sociología, entre otras disciplinas, han surgido críticas al carácter universal de estos principios. Como sabemos en nuestro planeta es posible encontrar un gran crisol de culturas que practican las más variadas formas de vida, encontramos por ejemplo a los indígenas de la cordillera andina o la selva amazónica, a las poblaciones aborígenes de Australia, Nueva Zelanda, África y Asia o a las grandes civilizaciones como la musulmana o la hindú.
De manera que el estilo de vida y los valores en los que se apoyan nuestras decisiones y nuestros pensamientos como cultura occidentalizada son solamente una alternativa entre tantas. En este panorama uno se puede preguntar cómo es posible hacer principios de alcance universal destinados a asegurar la dignidad de los humanos, la respuesta es simple: convocando a un diálogo intercultural a los representantes de todas las variantes culturales del mundo. Como sabemos, por supuesto, esto no pasó y los Derechos Humanos fueron creados con una fuerte impronta occidental eurocéntrica. Es probable que para cualquier uruguayo por momentos esta cuestión se haga imperceptible porque nuestra cultura no tiene grandes contradicciones con estos principios, no nos olvidemos que nuestro territorio estuvo por años bajo el dominio europeo y que en nuestro caso la escasa densidad cultural llevó a que se arrasara con las poblaciones originales y se impusiera lo europeo. Sin embargo, mientras no haya conciencia de que estos principios son particulares y no universales, y mientras se los quiera imponer por la fuerza, en nombre de la razón, a todo el mundo, seguirán siendo el gran símbolo de choque de civilizaciones.
Simplemente para ilustrar el carácter occidental de los Derechos Humanos y los problemas que se plantean cuando queremos etnocéntricamente imponérselos al resto del mundo veremos un par de ejemplos mencionados por Rafael Bayce –siguiendo los estudios de Geertz- en una conferencia dada en el XIX Encuentro Nacional de Psicólogos, que muestran como dos de las culturas que más han tenido tensiones con los Derechos Humanos no pueden aceptarlos como si nada sin pasar por arriba principios fundamentales de su cultura y su religión.
El primero muestra como a diferencia de la cultura occidental los islámicos aceptan el testimonio como evidencia jurídica y eso porque no es no es necesario acudir a la noción occidental de prueba objetiva ya que si la persona miente en un proceso judicial se condena ante Alá, lo que para ellos es impensable, pero para nosotros puede sonar un disparate.
Segundo, para los hindúes el concepto de igualdad ante la ley no tiene sentido, ellos parten de la base de que hay karmas diferenciales y de que la función de las personas en la tierra es cumplir con el Karma ontológico al que están predestinados, por lo tanto, para esta gigantesca porción poblacional de nuestro planeta, la igualdad no es un elemento deseable en tanto atenta contra uno de los principios básicos de su religión.
De estos ejemplos hay muchos y con diferentes culturas cuyos postulados no encajan exactamente en algunos de los DD.HH, ahora la pregunta que inmediatamente surge es ¿todo es aceptable porque su significado está culturalmente determinado y por tanto no se puede evaluar desde otra cultura sin caer en el etnocentrismo? Esta es la posición de los exponentes del particularismo histórico (relativistas culturales) para quienes incluso el canibalismo habría sido válido en tanto tiene un significado diferente para quienes los practican, está socialmente aceptado en su cultura y tiene una justificación de índole religiosa. Por supuesto, esto evaluado desde nuestra cultura -que no es ni más ni menos valiosa que la de ellos- no tendría sentido. Nuestra posición, en cambio, es diferente a la del particularismo histórico y busca reconocer las diferencias y buscar algunos acuerdos para construir interculturalmente algunos principios básicos, ahora sí con carácter universal.
Hacia la construcción intercultural de los Derechos Humanos
En este punto seguimos fielmente las enseñanzas del Sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, el mismo pone de manifiesto algunas condiciones importantes para lograr encaminar un dialogo intercultural que nos lleve a una versión más completa de los Derechos Humanos, la primera condición es justamente reconocer desde la propia cultura en la que estamos parados el carácter incompleto de la misma o sea debe haber un desencanto con la propia cultura que no nos proporciona respuestas satisfactorias a algunas de las cuestiones que hacen a nuestra calidad de vida. Este momento particular de la conciencia individual o colectiva implica un entendimiento previo de la posible relevancia de otras culturas. O sea, la conciencia de la incompletud de nuestra propia cultura proporciona el impulso inicial para la búsqueda de un diálogo intercultural.
Esta incompletud es más fácil verla desde afuera que desde adentro de la propia cultura, desde donde tendemos a percibirla como completa. Un ejemplo manejado por Santos es el que muestra que desde el topos -principio rector- de la umma en la cultura islámica se observa la incompletud de los derechos humanos individuales en el hecho de que solo sobre esta base es imposible sustentar las solidaridades sociales y los enlaces colectivos sin los cuales una sociedad camina hacia la desintegración. En cambio observando desde el topos de los derechos humanos individuales, la umma pone el acento exageradamente en los deberes en detrimento de los derechos lo que lleva a consentir desigualdades fuertemente injustas como las que existen entre hombres y mujeres o entre musulmanes y no musulmanes.
El mismo ejercicio es planteado por Santos para el topos del dharma de la cultura hindú y el topos de los derechos humanos. Desde la perspectiva del dhama los derechos humanos están basados en una concepción muy simplista y mecánica de la relación entre derechos y deberes. Solamente concede derechos a quienes tienen deberes, es por eso que ni la naturaleza, ni las generaciones futuras tienen derechos, porque no pueden tener deberes. Por su parte, desde el topos de los derechos humanos el dharma es incompleto debido a que se basa en una armonía absoluta en detrimento del carácter dialéctico de la realidad, de esta forma oculta injusticias y desatiende el conflicto como una vía para una armonía más rica.
En fin, los ejemplos podrían seguir pero la idea es que la conciencia de la incompletud de todas culturas y el reconocimiento de que la otra puede aportar algo al objetivo de darle más dignidad a la vida de los seres humanos es una condición sine qua non para la búsqueda de una construcción intercultural de Derechos Humanos –hermenéutica diatópica en palabras de Santos- .
La segunda condición para este diálogo es la de escoger la versión cultural que ofrece más apertura, que vaya más lejos en el reconocimiento del otro. Por ejemplo, en India el grupo descastado de los intocables –dalits- está buscando combinar la integridad cultural con luchas a favor de lo que ellos consideran justicia social. Los intocables revisan y reinterpretan las nociones hindúes de karma y dharma. Un ejemplo de estas revisiones viene dado por el énfasis dado en el dharma común en contraste con el dharma especial, esto por supuesto tiene consecuencias en las normas, deberes y rituales de las castas.
Por su parte, también existen revisionistas del Corán que muestran que existen dos etapas en el mensaje del Islam. El primero corresponde al periodo inicial de la Meca –primera y principal ciudad sagrada- y es el mensaje fundamental del Islam, el mismo pone énfasis en la dignidad del ser humano independientemente del sexo, la raza o la religión. En la época de Medina -ciudad donde emigra la comunidad musulmana en el año 622 huyendo de la persecución de la que era objeto- y bajo determinadas circunstancias históricas, este mensaje fue visto como muy avanzado y se aplazó su implementación para el futuro, cuando las circunstancias fueran adecuadas, utilizando un mensaje que tenía una visión más restringida del otro, hay determinados grupos de religiosidad ilustrada que creen que el momento ha llegado.
Tanto la versión del dharma común, como la del primer mensaje del Islam tienden puentes hacia la igualdad de los seres humanos y por lo tanto son las versiones más adecuadas para el diálogo intercultural, a su vez coincidimos con Santos en que la versión socialdemócrata de los Derechos Humanos que extiende el principio de igualdad a la dimensión económica y social es más adecuada que la liberal que se restringe a lo político.
Somos conscientes de que estamos abordando un tema polémico, pero creemos que es un momento oportuno para pensar en él, un momento en el que se acaba de aprobar en Francia -siguiendo la tendencia de otros países europeos-, por casi unanimidad de los legisladores, una ley que prohíbe a las mujeres el uso en espacios públicos el burka y el niqab -tipos de velo integrales islámicos-. El presidente francés en sus testimonios no ha presentado como principal argumento la seguridad, sino el hecho de que estas prendas son símbolos del sometimiento de la mujer (¿acaso la ley no se constituye en un símbolo más del sometimiento del mundo frente a occidente?). El tema daría para una nota entera pero simplemente diremos que nos parece un acto de intolerancia hacia lo distinto, que genera mayores fricciones entre etnias y que no es el camino que proponemos para un mejor entendimiento humano. En estas líneas simplemente quisimos dejar presentado el tema para contribuir a la discusión y a la toma de conciencia de la incompletud de nuestra cultura, del carácter occidental y mejorable de los Derechos Humanos, y a la necesidad de aceptar lo diverso y de buscar canales de comunicación interculturales por la parte de las culturas que se hace menos inconmensurable con las otras. Somos conscientes de que las cuestiones políticas a veces tienen su propia lógica, que a veces no parece muy lógica, pero este diálogo intercultural necesita de la participación de una multiplicidad de actores sociales y políticos comprometidos con la dignidad humana y con el respeto a lo diverso.
